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Por Javier Castell López
En algunos estadios aún se escuchan murmullos de desaprobación, por parte de los hinchas, cuando algún jugador de su equipo regresa el balón. Retroceder la acción es asociada de manera intuitiva con una forma de renuncia, de huida, de no aceptar el riesgo y la aventura ofensiva. En muchos casos, como un acto de cobardía.
Nada más alejado de la verdad. Muchas veces es necesario, y muy útil, además, regresar el balón a un jugador menos presionado y así conservar la posesión, y al mismo tiempo, como un recurso para reiniciar la jugada por otro sector menos congestionado. Replegarse (los jugadores o el balón), retirarse, que no huir, antecede a la reorganización y a la búsqueda de nuevas y mejores opciones.
Que un jugador tome la decisión de retornar de una liga como la Argentina, de mayor trascendencia internacional que la colombiana, como lo acaba de hacer Teófilo Gutiérrez sugiere, para la mayoría, una desmejora profesional, un paso atrás. Hubieran preferido que se quedara. Para ellos, no retroceder tiene un alto atractivo romántico, una versión de firmeza, de valentía. Y también de pragmatismo financiero. Sin embargo, solo Teófilo conoce la fuerza de las razones que lo impulsaron a tomar tal decisión.
Quizá no deseaba dejarse aplastar por aquel agreste y hostil entorno que, a favor de la verdad, él mismo ayudó a crear. Quizá ya no era feliz, y antes que actos de estólido masoquismo o heroísmos fútiles, prefirió el repliegue voluntario, para recargar energías, reencontrarse con sus ideas y, en un ambiente más seguro para él, recomponer su talante y su compromiso con la profesión. Los hinchas del Junior así lo esperan. Y también los directivos, los jugadores y el cuerpo técnico.
Futbolísticamente, el equipo se verá beneficiado de su inteligencia colectiva, su capacidad asociativa y su amistad con el gol. Con él en el terreno, Junior no solo tendrá un especialista del gol, sino un jugador capaz de participar, con esmerada técnica y visión de juego, en el proceso creativo. Por su estilo, en el que cohabitan varias tareas y no solo la definición, en el que no siempre todos juegan para él, Teófilo no crea una nociva ‘teodependencia’ en el funcionamiento general, si acaso una imperiosa y conveniente subordinación a su talento ofensivo.
Bien entrenado y bien manejado su nuevo estatus, su presencia, no tengo dudas, valoriza el proyecto y aumenta la ilusión. Por supuesto que no llena todos los vacíos grupales. Esa es misión de todos. De sus compañeros y del cuerpo técnico.